domingo, 2 de septiembre de 2018

Los yoes del presidente argentino




 Por: The Intelektor Kat

Marcos, Mario y Gustavo son mis ojos y mi inteligencia. Ellos son yo. Lo que ellos piden o exigen, soy yo quien lo pide”. Dijo muy orondo hace tiempo el presidente de los argentinos*. Ahora, su “yo = presidente” muta de lugares, de modo tal que el Ello, el Yo y el Super-Yo que aparentaban no entrar en conflicto, son lo que son: un aparato psíquico en crisis.

El Super-Yo del presidente, tal que Marquitos Peña, quien satisfacía las instancias de conciencia moral frente a sus conflictos infantiles irresolutos (no gastar de una sola vez todos los globos, por ejemplo), es ahora desplazado... o quizás no, quizás sea reubicado en el rol del Yo, mediando entre un Super-Yo aniquilado y un Ello potenciado, es decir, la maraña que el mismo presidente, escindido de su rol de tal pero tripartito entre sus yoes, supo crear y de la cual no puede salir, porque un nudo gordiano no se desata y él lo sabe y lo que menos desea es que venga un Alejandro Magno y lo corte, ya que esto significa que se terminó el caos; y el caos es algo satisfactorio a la psiquis del presidente.

Si el Yo es ahora “Marquitos”, el Super-Yo queda vacío, porque a Mario Quintana (Secretario de Coordinación Interministerial) ya lo dio de baja. ¿Quién se atrevería a ser el Super-Yo del presidente, un puesto inmerso en las temáticas concernientes a la moral, la ética y a esos usos y costumbres que se han ido moldeando a lo largo de siglos cuando éstos, que suponen una mirada hacia lo social como a un conjunto, los ha venido agrietando desde antes de ser presidente? Entonces, la capacidad de autocrítica y autoevaluación, quedan anuladas magistralmente.

El Ello, por su parte y que atañe a las tramas primarias, tal que a las pulsiones, era el  secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui, porque recordemos que si hay algo que exaspera al presidente, es la política en su hacer, en tomas de decisiones, en la práctica social, en la respuesta que debe dar el Estado de reconciliar demandas conflictivas y la subsumió al mundo del placer festivo mediante puestas en escena cargadas de glamour, pero a su vez balanceó el placer en el displacer (hacia los otros, que no son sus yoes múltiples) con los ajustes económicos, que para él, carecen de política y en esencia, de política social. ¿Quién se atreverá ahora a ser el Ello del presidente, cuando es sabido que en el Ello operan Eros y Tánatos? Porque ahora, el Eros de la victoria tan ansiada, se está convirtiendo en el Tánatos de la derrota tan previamente anunciada por quienes saben y entienden de política monetaria y política en sí. Sin embargo, el presidente desplaza a Tánatos hacia el afuera, hacia el otro que no es de su congregación, creyendo que de esta manera puede aliviar la parte o el todo que le toca a él, mas la maquinaria mediática ya está haciendo agua y los shows judiciales no tienen el efecto de hace apenas unas semanas. Respondiendo a la pregunta de ¿Quién se atreverá ahora a ser el Ello del presidente…?: lo es ya mismo él, el presidente, en su mirada de “principio de placer” satisfaciéndose con fruición al generar angustia en los demás, porque en el Ello, si bien se da un reconocimiento de la angustia, no existe un punto de anclaje de la misma, por lo tanto él es eso que el Ello representa en estado puro: la imprudencia que se aniquila en el contacto con el exterior.

Siendo el Yo del aparato psíquico del presidente “Marquitos” Peña, ¿podrá lidiar mediando entre carencia de demanda del Super-Yo vaciado de sus esencias y el Ello cooptado por el propio presidente desde la perspectiva del placer sin estribos?

No quisiera estar en los zapatos de “Marquitos” Peña…




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