miércoles, 27 de junio de 2018

A Ignacio Ballesteros



En cualquier deporte suceden cuestiones trágicas y el polo no está exento.

Recordamos a Ignacio como un joven ágil, lleno de energía, apasionado por los caballos, amante del aire libre y el sol.

La tragedia llegó a su vida al caer de la yegua y nunca se pudo recuperar. Su destino fue estar quieto, la inmovilidad lo mantenía en cama, con todo el instrumental médico a su alcance, pero nada fue suficiente.

Muchos dicen hoy que ya ha dejado de sufrir; ha sido demasiado para una personalidad llena de bríos y empuje.

Pero no quiero entrar en este pequeño homenaje en las rencillas que circulan por los medios de comunicación culpando a unos o a otros, posicionándose como si se tratase de estar dentro del campo disputándose un aguerrido partido. Ignacio Ballesteros no se lo merece. Respeto, por favor. Respeto a alguien que ha partido de este mundo, respeto a alguien que supo respetar a los demás, respeto a alguien que lo único que deseaba era volver a estar con sus caballos…

Ahora, en el cielo estará él jugando un partido de polo con los grandes que también se fueron y dejaron su impronta en el polo internacional.

Dios lo reciba en su gloria, Q.E.P.D.

Marilina Klostenmayer

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